A la hora de preparar un pollo, tenemos los cortes principales y muchas alternativas a la hora de cocinarlo para que el resultado sea un plato bien jugoso y crocante. ¡Tomá nota!

  • Salpimentado en el exterior e interior

Cuando se prepara un pollo al horno, lo común es que se lleve a cabo el salpimentado (es decir, la añadidura de sal y pimienta al alimento) solo en el exterior, lo cual es un error, ya que se debe hacer también en el interior del pollo, para que el aderezo llegue directamente a la carne y no solo quede en la piel.

  • Fileteado y marinado

Para mantener la humedad del alimento durante su cocción, sobre todo en cortes difíciles de evitar la resequedad, como es el caso de la pechuga, una buena opción es poner la carne cruda sobre una tabla de madera y darle golpes con un palo de amasar, una botella o cualquier elemento contundente que sirva para tal fin.

De esa manera, estaremos afinando el corte y rompiendo el tejido de la pechuga.

Después, deberíamos pasar al marinado y usar alguna salsa como la combinación de mostaza, limón y miel, ideal para la pechuga de pollo.

  • Hidratación con agua y aceite de oliva

Introducir el pollo al horno sin pasarlo por agua y/o aceite de oliva podría provocar su resequedad, ya que le faltará esa humedad. Al realizar esta sencilla práctica, el pollo estará protegido ante la elevada temperatura del aparato.

  • Envoltura de aluminio o papel manteca

Una técnica muy famosa es la de cocinar el pollo dentro de un espacio en el que no se permita la liberación de humedad, como son estos elementos, para poder aprovechar todos los sabores.

Lo que hay que hacer es extender el papel, pintarlo con un poco de aceite e incluir algunos ingredientes como cebollas o morrones para darle sabor. Arriba de esta mezcla, incluir las pechugas fileteadas, condimentar con sal y pimienta, hierbas y jugo de limón.

  • Precalentamiento del horno, punto esencial

Un tip ideal e infalible es tomarse el tiempo de precalentar el horno para que la preparación quede más crujiente y jugosa. Además, controlar los tiempos y la temperatura es esencial. Lo ideal es calentar el aparato a una temperatura comprendida entre los 180 y los 200 grados centígrados para garantizar la humedad y un ambiente propicio para tu pollo.